Nunca habíamos subido en barco y no me imaginaba que era medicina para el estrés. La única pega es que nos equivocamos y debimos contratar el doble de tiempo. Momentos así vamos a tener pocos durante el año. Los niños una hora pasmados viendose rodeados de agua y además con la suerte de ver unos cuantos delfines. Lo recomiendo.

Marga Solá